Benavente Consulting
Bajo un enfoque sistemático, en toda empresa familiar conviven tres sistemas: La familia, la gestión y la propiedad. Cada sistema cuenta con una lógica distinta y los integrantes de cada sistema responden por intereses diversos. Así por ejemplo, un familiar que ocupa un cargo gerencial de la empresa tendrá un interés distinto a otro miembro de la familia que pudiera solamente ser accionista. En el primer caso, el familiar querrá aumentar los ingresos de la familia y capitalizar los ingresos posponiendo el pago de dividendos. En el segundo caso, el familiar solamente deseará que se le paguen los dividendos que le correspondan sin importar el crecimiento de la empresa.
De igual forma, muchos de los fracasos de las empresas familiares se dan por conflictos entre miembros de la familia que hubiesen podido ser identificados y resueltos en su momento, sin embargo, por una falta de previsión y manejo del conflicto, este trasciende fuera de la esfera familiar llegando a afectar la gestión y propiedad del negocio. En el primer caso, debilitando o haciendo imposible la toma de decisiones en la gestión del negocio o en otros casos, por la decisión de alguno de los miembros de la familia de vender sus acciones en la empresa debido a que el conflicto hace insoportable la convivencia.
En otro caso, el fundador de una empresa se encuentra reacio y rechaza de plano cualquier tipo de delegación del negocio en favor de sus hijos. Los hijos se sienten frustrados por la negativa de su padre en delegar la toma de decisiones. Al fallecer el padre (ya con muchos años encima), los hijos optan por liquidar el negocio porque al final no lograron ponerse de acuerdo sobre cómo dirigir el negocio.
En estos casos como en otros muchos, las empresas familiares buscan asesoría cuando el problema es inminente y ya hay muy poco que hacer. Lamentablemente se dan cuenta que dicha situación, en su momento, pudo haberse prevenido a través de un proceso de desarrollo e implementación de un Protocolo Familiar.
